¿Fin
a la lucha de clases?
En nuestra sociedad, ya sea por
influencia política, vivencia y/o ignorancia cultural, hablar de clases
sociales no es un tema desencadenante de conflictos por rechazo a su
pertenencia a alguna de ellas, ni tampoco generadora de profundas
interpretaciones filosóficas. Por lo contrario, se asume como leyes sociales
históricas, dictadas por quienes ejercieron el ordenamiento de las diferentes comunidades
acaecidas en el universo, en adaptación a sus necesidades, pretensiones y
ambiciones personales.
Comúnmente se llama “burgués”, a
todo propietario y/o directivo jerárquico que regentea algún medio de
producción y en consecuencia ejerce sus exigencias con los “proletarios”,
miembros del nivel menor en ese centro de realización.
Esta división no es producto de la calidad
genética inexistente entre las personas, así como tampoco los reducidos miembros
de una ficticia “nobleza” u “oligarquía”, son los privilegiados dueños y
líderes genuinos de cualidades y dominio de poder de las relaciones que existen
en la sociedad.
Si, podríamos discutir sobre la
conducta de supervivencia, a través del tiempo, de las personas. Su proceder cotidiano
asimilando a algunos animales que, ante una naturaleza adversa, conviven en un mismo
nicho que los cobija, aceptando y/o cediendo el dominio a otra especie más
hábil que, por lo general y a través del tiempo, los somete o los extingue.
Para una transformación de la
naturaleza a las necesidades y pretensiones de las personas, se necesita
trabajo humano y con ello, medios de producción que faciliten la utilización de
materias primas, productos y facilitación del uso de herramientas y
maquinarias, en un concatenado crecimiento de conocimientos y técnicas, en un
estadío de superación, crecimiento socio cultural y búsqueda constante de un
mejor vivir, relacionando directamente vida y trabajo con el nivel de los
medios de producción utilizados.
El sistema de organización social
que convivimos, desconoce tajantemente la acción del ser humano en adaptar su
supervivencia y solidaridad con los medios de vida que la naturaleza les provee
en común, como patrimonio para toda la humanidad. Tampoco son reconocidos con
justicia, por los propios actores: “el saber hacer”, los conocimientos, las técnicas
y uso de la maquinaria, como una cuota de contribución al patrimonio colectivo
de la creatividad humana, cimentada a lo largo de cientos de generaciones
aportantes al bien común.
El sector llamado “burguesía” fue
acaparando poco a poco ese ejercicio con el consentimiento tácito y explícito
de las diversas oligarquías, ya sea a través del apoderamiento y/o conquista de
las tierras mediante la colonización o su espoliación a sus pueblos originarios;
el comercio, aprovechando las distancias y la necesidad del intercambio; el
pillaje, consecuencia de la ambición, la codicia y la especulación financiera y
desde esa ubicación intermedia en la cadena productiva, beneficiarse en su
provecho con los logros alcanzados, exponiendo claramente la existencia para el
caso, de tres grupos bien definidos: los promotores/protectores, los expropiadores
y los expropiados.
La actualidad nos muestra como los
trabajadores, en consecuencia, venden su fuerza de trabajo para comprar
productos por ellos mismos terminados, en un mercado creado con leyes de
consumo, que le permitan un mejor vivir. Medios de labor y vida que el sector
de la burguesía cataloga de propiedad privada y con ello regula salarios y
reparto de la plusvalía generada, privilegiando su auto valuación de lo que
llama “riesgos empresarios”, resultantes de la utilización de maquinarias,
instalaciones y realizaciones de su propiedad, sin reconocer que el usufructo de
la organización socio cultural que lo circunda no debiera ser mezquinamente acaparado
como privilegiado sector interviniente.
Con mezquindades y absurda
competitividad, la mayor parte de los trabajadores no asume en su conjunto que no
tienen la propiedad, pero si la posesión del aparato productivo, uso y
conservación de las herramientas necesarias que sirve al crecimiento de toda la
sociedad. Que, de su esfuerzo cotidiano, superación constante de conocimientos
y aporte a la causa común, estriba el mejoramiento de los medios de vida y
equilibrio organizacional de los que penden la existencia de miles de personas
cercanas y no tan cercanas.
No sirve ni alcanza el ejercicio del
arrebato colectivo de los medios de producción a los “burgueses expropiadores”,
el ejercicio autoritarista para-estatal y/o la apropiación comunitaria e individualista,
como pretenden muchos leguleyos instigadores intelectuales.
El reconocimiento de diferentes roles
en los espacios de producción y de cualquier tipo de organización; la
valoración justa de la capacidad productiva y la meritocracia, a partir de un
trasparente ejercicio de justicia, igualdad y solidaridad como trabajadores,
debiera permitir en la organización empresarial, la participación transparente,
con periódica rendición de cuentas y eliminación de cualquier hipócrito
ejercicio de corrupción y ventaja personal.
Se debe asumir la posibilidad del
riesgo de degenerar en burocracias obsoletas, desvirtuar el espíritu de
colaboración mediante falsos mecanismos de cogestión; intervención desmesurada
del Estado interventor o la simple existencia de Consejos de Fabrica con influencia
intransigente o acomodaticia de sus
miembros en vez de promover el espíritu colectivo y público de los actos,
basados en el desarrollo humano de todos los miembros intervinientes, en
libertad, igualdad, solidaridad y respeto al prójimo.
Debemos bregar por una empresa
“participativa” que, no priorice en sus decisiones, al igual que sus empleados
en el ejercicio de sus derechos, el ejercicio del conflicto para resolver las
divergencias y si privilegiar el crecimiento, ejecutando principios de Responsabilidad
Social a rajatabla, fomentando el diálogo y la prevención de riesgos;
ejerciendo el reconocimiento al derecho de sus trabajadores a la información
sensible y su aporte en la discusión del control técnico, financiero y la
administración, dando un paso asia una sana y diferente convivencia social
futura.
Diciembre 2021.- ATS Observatorio
Intersindical.com
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